martes, 4 de mayo de 2010

Arribo aquí al inefable centro de mi 2010

Luego de vaaaaarios años sin escribir, retomo el blog para seguir escribiendo cosas poco interesantes. Aunque este año si ocurrió algo muy interesante en mi vida y fue que pude cumplir un sueño: crucé el charco para conocer Italia y Grecia. No voy a subir fotos porque llevé una cámara realmente muy mala. Tuve una muy linda experiencia pero me siento incapaz de narrar adecuadamente y poder transmitir lo que sentí y lo que significó ese viaje para mi, pero voy a hacer un breve resumen que me servirá a mi y supongo que a nadie más que a mi.
Llegué a Italia para Semana Santa y como los primeros días iba a estar sola, mi madre me regaló la estadía, traslados y tours en Roma, Sorrento y Capri,
En Roma tuve la extraña sensación de haber estado ahí anteriormente. Como si perteneciera a esa ciudad, como si conociera la ubicación de todo y no necesitara de un mapa. No sabría con qué adjetivo describir esta ciudad, ni explicar la sensación de estar a la vez en el presente y en el pasado. Llegué de tardecita, me acomodé en el hotel y salí a recorrer un poco antes de que se haga de noche. Empecé a caminar confiada de que pronto me iba a cruzar con un lugar donde poder cenar. Iba caminando sin rumbo, pero como sabiendo a dónde me dirigía, y me encontré de golpe con la Fontana di Trevi. Desde que pisé Roma me sentí como si estuviese en un musical, en ese momento imaginé que la fuente se iluminaba aún mas, comenzaba a sonar una música, yo comenzaba a cantar y todos los turistas a hacer una gran coreografía detrás mío. Esa puede ser una buena analogía de la sensación que tuve desde que pisé Roma: protagonizar un musical... De golpe, empezaron a cerrar todos los negocios, las calles se empezaron a vaciar y todo se volvió bastante oscuro, así que emprendí mi regreso al hotel rápidamente. Al rato me vinieron a buscar para un tour nocturno que se llama Roma Iluminada (por error porque yo lo había cancelado) y pude recorrer la ciudad en bus y ver edificios y monumentos más representativos con su iluminación fantástica. Luego me bajaron en la mitad del tour porque corroboraron que había sido un error que yo figure en la lista. De esta ciudad me enamoré al instante, solo me comprenderán aquellos que tengan esa capacidad de amar una ciudad

En Sorrento me hospedé en un hotel hermoso con vista al mar y al Vesubio, hasta me daba cosa estar ahí completamente sola y no tener con quien compartir tan hermosa vista! Me tocó presenciar la procesión Negra de viernes santo. Gente encapuchada marchando por las angostitas calles del pueblo,  pasando por las iglesias, con el incienso, los cantitos, el cristo, etc. Me resultó bastante tétrico, pero me encantó estar ahí de espectadora.
Antes de llegar a Sorrento paré a conocer Pompeya (las ruinas). Gran sorpresa me llevé al comprobar que, aunque nos separan casi 2000 años, no han cambiado mucho nuestros hábitos con respecto a los de aquella civilización. Tenían el centro (el foro) donde se desarrollaban la mayoría de las actividades comerciales y políticas, los "locales" de comida al paso, los saunas, prostíbulos, anfiteatros... Y las casas! cómo me hubiera gustado, o me gustaría, tener una casa como las residenciales de Pompeya, con un jardín central y galerías y cuartos alrededor, saunas, murales artísticos en las paredes, hechos de pintura o de esos pequeñísimos mosaicos coloridos.
En Capri sentí como si estuviera en un set de una película antigua. Todo era tan lindo, no se por qué tanta belleza me resultaba difícil de asimilar. Hasta la gente era muy linda. Otra vez me alojé en un hotel de alta categoría, y mi habitación con una vista espectacular, otra vez el lamento de no tener con quién compartir tanta irrealidad. Esos colores de mar nunca antes los había visto, todas las tonalidades entre turquesa y esmeralda. Tuve la suerte de poder visitar la Grotta Azurra, que es simplemente mágica. Bueno Capri es, si le sacamos las construcciones y la gente, el paraíso.
Luego de este paseo, volví a Roma para encontrarme con mi compañera de viaje. Fuimos en tren hasta un pueblito que se llama Matelica, a encontrarnos con una amiga de ella. Me encantó todo el paisaje que se aprecia desde el tren y también el pueblito era muy lindo! De ahí fuimos en tren a Venecia. Viajamos de noche porque pensamos que íbamos a poder dormir en el tren, pero no había lugar.. así que tuvimos que viajar en el piso. Recorrimos el día entero Venecia a pie. Esta ciudad es simplemente genial. Después regresamos a Roma y la recorrimos a pie y también conocimos Firenze. Firenze también me gustó mucho y nunca olvidaré las 15 vueltas que le di al David boquiabierta. 
Mi viaje que comenzó con mucho glamour, hoteles 4 estrellas, transfer privado del aeropuerto, ómnibus de turismo, guía privado, fue cambiando rotundamente y terminé durmiendo en una residencia universitaria, hoteles de 2 estrellas, trenes, aeropuertos y ferries. 
Tuvimos la oportunidad de conocer Atenas y Santorini. 
Atenas tiene partes muy lindas y partes muy feas. Lo más lindo fue el Partenon, y no se si fue la vista que se aprecia desde allí, o las ruinas, pero mientras estuve ahí me sentí una diosa de la mitología griega. Desde Atenas fuimos en ferry hasta Santorini.
Santorini es una isla que no puede ser más linda. No hay descripción ni con palabras ni con fotografías que pueda explicar su belleza, hay que ir y experimentar por cuenta propia. Al regreso pasamos por otras islas, y la verdad que todas las islitas del mar Egeo parecen un sueño.
Me encantó el idioma. La gente joven casi no habla en inglés (o se hacen los que no hablan), así que es difícil pedir indicaciones en la calle para llegar a algún lado. En cambio la gente que vive del turismo si se maneja muy bien en inglés.

De Italia extraño sus paisajes, el gelatto y el "Ciao Bella!"...